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Jueves 04 de Octubre de 2007
Las directrices, que aparecen publicadas en la edición del 2 de octubre de la revista Annals of Internal Medicine, incluyen un método para guiar a los médicos de atención primaria y a otros profesionales de la salud para recolectar e interpretar información durante la primera consulta de un paciente. La fórmula los pondría en una de tres categorías generales: Según las nuevas directrices, los médicos no deberían ordenar de manera rutinaria pruebas de imaginología ni otras de diagnóstico, como IRM, TAC o radiografías para los pacientes que tienen dolor lumbar no específico. Dichas pruebas deberían reservarse para pacientes que tienen déficits neurológicos graves o progresivos, o en quienes se sospechen afecciones subyacentes, como infecciones o cáncer. El panel de expertos que desarrolló las directrices también revisó evidencia sobre terapias farmacológicas y terapias no farmacológicas para el dolor lumbar agudo y crónico. \"Casi todos los medicamentos revisados tenían algunos beneficios, pero también riesgos", aseguró en una declaración preparada Roger Chou, coautor de las directrices y jefe del American Pain Society Clinical Practice Guidelines Program. "El acetaminofén, por ejemplo, es muy seguro, pero podría no ser efectivo. Los AINES tienen riesgos gastrointestinales y cardiovasculares. Los opioides y los relajantes musculares podrían ofrecer alivio para quienes tienen dolor grave, aunque los beneficios y riesgos potenciales se deben evaluar con cuidado". "Los pacientes que prefieren no tomar medicamentos pueden beneficiarse de los tratamientos no farmacológicos, como acupuntura, manipulaciones de la columna y terapia de masajes. Ninguno, sin embargo, ha resultado ser más efectivo que los otros para justificar su recomendación como terapia de primera línea, señaló Chou.
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