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Lunes 06 de Abril de 2009


Las calcificaciones vasculares y la pérdida ósea, muy ligadas

La presencia de calcificaciones vasculares y la disminución de masa ósea no pueden ser vistas como dos procesos distintos derivados de la edad. Según ha explicado Jorge Cannata, del Hospital Universitario Central de Asturias, "hay algo que los interrelaciona".
 

Covadonga Díaz
Oviedo
27/03/2009

 
La presencia de calcificaciones vasculares y la pérdida de masa ósea no son sólo dos consecuencias del envejecimiento sino que se trata de fenómenos relacionados y que tienen mucho que ver con el proceso inflamatorio. Éste ha sido uno de los mensajes resaltados en el V Simposio Internacional sobre Avances en Alteraciones del Metabolismo Óseo y Mineral de la Enfermedad Renal Crónica. En el simposio, organizado por la Red de Investigación Renal (REDinREN), perteneciente al Instituto de Salud Carlos III, y el Servicio de Metabolismo Óseo y Mineral que dirige Jorge Cannata en el Hospital Universitario Central de Asturias,  han participado como ponentes 60 especialistas de 30 países, con 400 congresistas inscritos.

Cannata ha resaltado que en el simposio se ha dejado claro que la presencia de calcificaciones vasculares y la disminución de masa ósea "no pueden ser vistos como dos procesos derivados de la edad, sino que hay algo que los interrelaciona porque quienes más rapidamente pierden hueso suelen tener más incidencia de calcificaciones vasculares y viceversa". Lo que se está comprobando es que "alteraciones en los genes implicados en la inflamación de los vasos favorecen las calcificaciones, y los genes que intervienen en la inflamación del tejido óseo también están relacionados con la pérdida de hueso".

También se ha prestado atención a la enfermedad renal crónica desde una perspectiva epidemiológica con el objetivo de visualizar el panorama actual. La conclusión es que no existen diferencias relevantes en cuanto a incidencia pero sí en el acceso a medicamentos. Entre 100 y 120 personas por millón de habitantes entran en diálisis cada año para el tratamiento de la insuficiencia renal crónica, con una prevalencia de mil casos por millón.

Pero la cuestión está en que la diálisis es el eslabón final de una cadena a cuyo final muchos no llegan, según ha explicado Cannata. La enfermedad renal crónica es un factor de riesgo cardiovascular más potente que el colesterol; es necesario sacar a la luz la enfermedad renal oculta porque "la frecuencia de población con una función renal ligeramente disminuida es muy elevada y hay que tener en cuenta el daño cardiovascular que causa esta situación si se prolonga en el tiempo.

Tenemos que seguir trabajando para conocer la prevalencia real de la enfermedad renal: su consideración es vital en el abordaje de los procesos cardiovasculares". Otro tema abordado ha sido el de la relación entre el gen Klotho, la hormona FGF 23 y el envejecimiento acelerado. Se sabe que la sobrecarga de fósforo acelera el envejecimiento, "con lo que debemos trabajar para conocer si actuando sobre este proceso podemos aumentar la supervivencia".
 

 
Fuente:
 


Por para MG-MedicinaGeriátrica


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