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Jueves 10 de Junio de 2004


La observación directa es clave para manejar el dolor en ancianos dementes

Uno de los problemas del manejo del dolor en los pacientes con demencias es que no existe una herramienta fiable para medir el dolor, a lo que hay que sumar las dificultades en la comunicación con el enfermo en los casos de demencias severas. Por eso es necesario apoyarse en la información aportada por sus cuidadores para manejar el dolor.
La prevalencia del dolor en personas con demencia es un problema emergente, cuyo aumento va estrechamente ligado a la cada vez mayor incidencia de demencias. Algunos estudios estiman ya que aproximadamente el 60 por ciento de los pacientes con demencia sufren dolor.

Su manejo supone un auténtico reto, porque a las complicaciones habituales del tratamiento del dolor en los pacientes con demencia hay que sumar la inexistencia de herramientas fiables para medir el dolor y las dificultades de comunicación con el enfermo.

El manejo de la patología dolorosa en estos pacientes ha sido uno de los aspectos abordados en una reunión organizada por la Cátedra Extraordinaria del Dolor Fundación Grünenthal de la Universidad de Salamanca, con el fin de elaborar un documento de consenso sobre el dolor en el anciano.

Francisco Javier Gómez Pavón, geriatra del Hospital Central de la Cruz Roja de Madrid, ha señalado que al abordar el dolor en este tipo de pacientes, en primer lugar, es importante diferenciar la demencia en sus estadios: leve, moderado, severo y al final de la vida.

En función de cada uno, el dolor tendrá un manejo diferente. Así, mientras en los estadios leves o moderados el abordaje difiere poco del de un paciente no demenciado, el manejo se complica en gran medida en fases más avanzadas, cuando no hay posibilidad de comunicación y la valoración depende de los equivalentes analgésicos: agitación inmotivada, gritos, actividades propositivas, agresividad, etc.

La primera medida ante un paciente con demencia debe ser "pensar que puede tener dolor" y la segunda "intentar valorar ese dolor a través de la observación directa del paciente y a través de sus cuidadores".

Información valiosa
Las preguntas a los cuidadores tendrán un gran peso y deben ir dirigidas a conocer las escalas de comportamientos faciales o visuales del enfermo. Las expresiones faciales son determinantes para diagnosticar si tiene o no dolor y si éste es intenso o no. Además, a los cuidadores se les debe pedir información sobre el momento en el que se produce ese supuesto dolor, si es al levantarlos, al asearlos, en las transferencias de la silla a la cama o al revés, cuando se les saca a la calle o si durante la deambulación observan algún tipo de inestabilidad por cojera o miedo a caminar.

Otro punto importante para valorar el dolor en un paciente con demencia es tener en cuenta si se produce en él un trastorno conductual nuevo, ya que el dolor puede ser el motivo de ese trastorno de conducta o de la exacerbación de un trastorno de conducta basal. En estos casos se debe pensar en que existe dolor y, por tanto, iniciar el tratamiento. Ante la duda, se debe seguir la misma pauta, aunque no esté confirmado si se debe iniciar tratamiento con la prueba analgésica para determinar si funciona. Si no es así, habrá que valorar otras causas.

En cuanto al tratamiento en sí, el especialista ha destacado que en principio hay que seguir las mismas pautas que para el paciente anciano, pero "extremando al máximo la vigilancia sobre los efectos secundarios", debido a la elevada edad y a la acción de determinados opioides a nivel central.

Ajuste final de dosis
En este sentido, y dados los trastornos de neurotransmisión del paciente con demencia, hay que subir las dosis muy lentamente. Una titulación rápida en estos enfermos se asocia a muchos más trastornos conductuales, síndrome confusional, caídas, deshidratación, etc.

Por ello, lo recomendado es empezar por el primer escalón, paracetamol, y continuar con el segundo si se observa que no se ha controlado el dolor. En el caso de iniciar el segundo escalón, la administración del fármaco debe ir unida a una hidratación máxima para evitar afectaciones conductuales o del sistema nervioso.

El manejo farmacológico debe ser "cuidadoso, detallado, subiendo poco a poco la dosis, con observación continua para determinar la utilidad o no del tratamiento, y complementado por una buena hidratación".

No obstante, en el tratamiento del dolor en el paciente con demencia resulta fundamental el manejo no farmacológico, a través de medidas de confort, que deben abarcar desde cuidados para que el enfermo no se estrese o altere hasta la realización de masajes.


Fuente: Diariomédico.com


Por para MG-MedicinaGeriátrica


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